Elogio de la camisa blanca

Elogio de la camisa blanca

Hay cosas –suelen ser las que realmente importan– que solo aprendes a valorar con el tiempo, cuando la madurez hace su aterrizaje silencioso y tu actitud se relaja. Ocurre con el vino, con el jazz y ocurre con la camisa blanca. A los 15 años resulta la prenda menos femenina del mundo y a los 20 simplemente es aburrida, el adjetivo más tenebroso que pueda existir en ese momento de la vida. Pero cuando estás al borde de la treintena empezas a descubrir lo cómodo que resulta sentir el tacto del algodón, aprendes que el blanco es el mejor color del mundo –con permiso del negro– y, sobre todo, entendes que hay pocas cosas más sexies que una camisa despreocupadamente desabrochada.
En su vuelta a su propia marca después de 8 años alejada del mundo de la moda, la alemana Jil Sander volvió a explorar los límites del minimalismo con una asepsia tan fría como confortable. Puede que su camisa blanca no sea nueva, pero lo impecable de sus costuras, su deliciosa manga francesa y la sisa ligeramente curva la convierten en una pieza única. Es pura luz.
Anímate a redescubrir esta prenda y ponele un toque chic a tu guardarropas con algo tan simple como eterno.

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